Guía · 7 min de lectura
Tres horas al día son 68 días despierto al año
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Abre el informe de tiempo de pantalla. Coge la media diaria y multiplícala por 365. Luego divide entre 16, porque las horas que duermes no las pasas en el móvil y contarlas hace que el número parezca más pequeño de lo que es.
Con tres horas al día salen 1.095 horas, que son68 días despierto. Algo más de dos meses de tu año, consciente, delante de una pantalla.
Y tres horas es una suposición generosa. Casi todo el que lo comprueba está por encima.
Tu número
| Media diaria | Horas al año | Días despierto | En cinco años |
|---|---|---|---|
| 2 horas | 730 | 46 días | 7,6 meses |
| 3 horas | 1.095 | 68 días | 11,4 meses |
| 4 horas | 1.460 | 91 días | 15 meses |
| 5 horas | 1.825 | 114 días | 19 meses |
Cinco horas al día durante cinco años son más de año y medio de vida despierto. No perdido en el trabajo, ni con la familia, ni en nada que defenderías en una cena. Perdido en un feed que después no sabrías resumir.
Qué valen esas horas
Las horas se entienden mejor comparadas con algo concreto. Para llegar a un B2 sólido en inglés desde cero se suelen calcular entre 500 y 600 horas de estudio guiado.
Un año a tres horas diarias son 1.095. De sobra, y con varios cientos de horas sobrando.
Otras cosas que caben dentro de un año de esto:
- Un programa de «del sofá a los 5 km» son unas quince horas de carrera repartidas en nueve semanas. Podrías hacer uno cada nueve semanas durante una década.
- Cien libros, a diez horas cada uno. Mucha gente que dice no tener tiempo para leer tiene un informe de pantalla que opina distinto.
- Una asignatura de máster a tiempo parcial, o varias. Se suelen contar entre 150 y 200 horas por cada 6 créditos.
- Cocinar de verdad, cada noche del año, y aún te sobran dos horas por semana.
Esto no es un argumento para que seas productivo cada hora que estás despierto. Es que hay un número concreto de horas yéndose a algún sitio, ese sitio no lo elegiste tú, y la cuenta es fácil de comprobar.
La parte que no sale en el folleto
Si lo cortas de golpe, el primer tramo es sinceramente desagradable. No dramático: desagradable.
Los primeros diez días o dos semanas vas a buscar un móvil que no está. Notarás el hueco en la cola del súper, en el ascensor, en los noventa segundos que tarda el agua en hervir. Las tardes se hacen largas de una manera que no se parece a la libertad, sino a una habitación con la tele estropeada. Algunos se ponen irritables. Casi todos se aburren, y aburrirse cuesta más de lo que parece cuando llevas años sin tener que hacerlo.
No hace falta disfrazar esto de síndrome de abstinencia clínico. Una conducta repetida decenas de veces al día, disparada por cada momento muerto, no deja de dispararse porque tú lo hayas decidido. Las señales siguen llegando un tiempo y al final de ellas no hay nada.
Luego afloja. No en un plazo que puedas predecir ni al mismo ritmo para todos, pero lo que cuenta la gente que pasa de las dos semanas es una especie de ligereza: la atención se queda donde la pones, las tardes se alargan en el sentido bueno, y baja de manera notable ese zumbido de fondo de tener que mirar algo.
La versión honesta: las dos primeras semanas son el precio, y son la razón por la que fracasan casi todos los intentos. Lo único difícil está ahí.
Por qué la fuerza de voluntad no es la variable
La mayoría no fracasa por falta de determinación. Fracasa porque todas las herramientas dejan la salida en su propia mano. El temporizador del móvil se cambia desde la pantalla que acaba de bloquearte. La app de bloqueo se desinstala con una pulsación larga. La norma la puso alguien descansado y la recibe alguien cansado, ocho horas después.
Lo que cambia el resultado es mover el límite a un sitio donde el móvil no llega: por debajo de sus ajustes, en la capa de gestión del dispositivo, la misma que usan las empresas con los móviles de trabajo. Sin botón de ignorar, sin desinstalar, sin atajo por ajustes. Cambiar de idea exige un ordenador y el plazo que tú mismo fijaste estando tranquilo.
Lo que cuesta recuperar los días
StillPhone son 49 dólares al año: unos cuatro al mes, menos que dos cafés. A tres horas diarias, sale a unos setenta céntimos por cada día despierto recuperado.
No vamos a fingir que el dinero es lo interesante. No lo es. Lo interesante es que las horas se puedan recuperar, y que recuperarlas sea un cambio de configuración y no un cambio de personalidad.
Qué hacer con ellas
Un aviso que conviene tomarse en serio: no planifiques el tiempo recuperado. Quien deja el scroll y llena el hueco inmediatamente con autosuperación suele abandonar las dos cosas.
La primera semana, déjalo vacío. Abúrrete. Fíjate hacia dónde derivas cuando nada compite por ti — esa deriva dice más sobre lo que quieres de verdad que cualquier lista que escribieras ahora. Después elige una cosa. Una. El gimnasio o el idioma o el instrumento, no los tres.
Para quién no es
Si los límites gratuitos de tu móvil te funcionan — si los pones y de verdad no los quitas — no necesitas nada de esto y no deberías gastar el dinero. Esto es para quien ha puesto un límite y se lo ha quitado, varias veces. Además necesita un ordenador, funciona solo en Android y no es gratis.
StillPhone deja fuera del alcance del móvil las apps que elijas, configurado desde el ordenador y sin marcha atrás desde el teléfono esa noche. Las apps no se borran y tus datos siguen ahí: simplemente las horas dejan de irse allí.
Sin tarjeta · Se configura desde el ordenador · Android